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Dejando Huella

Hola Náutic@!

El artículo de hoy lo dedicamos a recordar una experiencia muy positiva y emotiva que tuvimos ya hace un tiempo con Judith Bosch y Daniel Zapata las almas de Imgeniuz

El motivo de dedicarles el post del viernes es la publicación del libro Dejando Huella del que Enosa, como otras tantas empresas  y emprendedores, forma parte.

Desde Enosa felicitamos publicamente a los autores del libro por esta iniciativa y les agradecemos enormemente permitirnos haber podido dejar huella en este proyecto. 

Felicidades chic@s una vez más por vuestro atrevimiento, trabajo y por vuestra amabilidad. Antes de finalizar el post ya lo habremos comprado!

Y a ti Náutic@! Sin más dilaciones, te dejamos con el post que han publicado con el motivo del lanzamiento del libro Dejando Huella y te animamos a colaborar con este proyecto adquiriéndolo. 


"¿Os acordáis de las historias de emprendedores que fuimos recopilando y escribiendo desde nuestros inicios hasta el verano pasado?
Pues van a ser accesibles en formato libro para toda la comunidad hispanohablante.
Hemos titulado el proyecto: “Dejando huella”, en honor a lo que ha significado para nosotros conocer de primera mano a las personas valientes, trabajadoras y brillantes que allí aparecen.
Editorial Cerbero, fundada por nuestro gran amigo y colaborador Israel Alonso, nos ha ayudado de manera completamente altruista en el asesoramiento editorial y la maquetación de este proyecto ilusionante cuyos beneficios serán donados íntegramente a la Asociación sin Ánimo de Lucro y declarada de Utilidad Pública SECOT (Senior Españoles para la Cooperación Técnica).
Durante todo este tiempo, hemos estado enriqueciéndonos con jornadas y formaciones organizadas por esta valiosa asociación, que lleva impulsando y apoyando nuestro tejido empresarial desde 1989, ¡qué menos que intentar devolverles de esta manera todo lo recibido!
Los relatos y protagonistas de este libro son:  Sangre azul, de la empresa Navegar en Formentera; Descubrir el café, de la empresa Cafesam;  Tomar otro rumbo, de la empresa Disjob; Oriol Tomás y los diez del Zeewoelf, de la empresa ENOSA; Poner vida a los días, de la empresa Terapias con Perros; El jóker, de Pepe Fernández Estudio Creativo;  El camino hasta mis sueños, de Salvador Costa Wedding Planner; A mi manera, de Cortinas DESOL; Última hoja de otoño, de Natalie Capell; Arquitectura de las palabras de Archcoaching y Diseñar un hogar, de Vanessa Pascual.
Y esta es la introducción que hemos escrito, en la que te contamos qué ha significado este proyecto para nosotros y qué valores aportamos.
Gracias por seguirnos.

Valorar a las personas extraordinarias que tenemos cerca

Si nos hubieras planteado una lista de emprendedores a los que admiramos, antes de lanzar IMGENIUZ y entrevistar en profundidad a las personas que hemos conocido en este año y medio de andadura, esa lista habría estado encabezada por personalidades como Steve Jobs, Jeff Bezos, Larry Page o Phil Libin, del que tomamos la cita que aparece en la página anterior. Habría sido una lista ambiciosa, con profesionales que han cambiado el mundo y nos motivan desde la distancia. Hoy por hoy, esa lista sería diferente y en ella estarían los emprendedores cuyas historias y valores conocemos de primera mano. Emprendedores cercanos, con los que compartimos geografía, entorno, mercados e intereses. Emprendedores a los que hemos mirado a los ojos y que nos han incentivado y emocionado en las distancias cortas; a lo largo de charlas que han supuesto un antes y un después en nuestra manera de entender este deporte de riesgo que es crear una empresa en España.
Los emprendedores de esa nueva lista, que son, en parte, los emprendedores que queremos dar a conocer a través de este libro, mejoran el mundo cada día; dejan una estela de valores y experiencias que nos repercute directamente. La podemos respirar, la podemos sentir, podemos formar parte de ella. Y no hay nada más motivador que ser partícipe de los logros que tienes cerca, aprender de ellos y tomarlos como referencia. Por eso es tan importante para nosotros hacerte llegar este libro y entregártelo como quien entrega un tesoro: lo mejor que hemos vivido durante este año y medio de andadura está aquí. Las historias que más nos han llegado, las historias que recordamos siempre y muchas de las personas en las que pensamos para seguir adelante cuando las cosas se tuercen están aquí. Queremos compartir todo eso contigo, desde el corazón y esa dinámica de profesionales que motivan a otros profesionales y valores que suman y crean nuevos sueños.
Comenzamos a escribir las historias de este libro en mayo de 2015, coincidiendo con el lanzamiento de nuestra agencia. Uno de nuestros servicios estrella es la Narrativa Estratégica, desconocido por gran parte de los clientes a los que nos dirigimos, así que pensamos: «La mejor manera de dar a conocer esto es hacerlo. Nada de explicaciones teóricas, ¡hagámoslo! Hablemos cada mes con una persona emprendedora que tengamos cerca y contemos su historia, la historia de su marca, sus motivaciones, sus valores… ¡hagámoslo!» Y lo que empezó siendo una estrategia para comunicar nuestro servicio estrella acabó convirtiéndose en una de las experiencias de aprendizaje profesional más rica que hemos vivido. Cada reunión, a veces de una hora y media y un café, y a veces de tres o cuatro horas de duración, con visita a las instalaciones de la empresa, nos llenaba de energía nueva, perspectivas nuevas y, sobre todo, nos llenaba de valores.
A lo largo de todo este tiempo fuimos publicando todas estas historias en nuestro blog y fuimos compartiéndolas en las redes sociales. Al finalizar el verano de 2016, nos sentamos a hablar sobre nuestro trabajo y dijimos: hay que darle más gas a estas historias. Tiene que conocerlas más gente. Hagamos un libro con ellas. Paralelamente, durante todo este tiempo, habíamos estado ampliando nuestra formación con monográficos, cursos y ponencias para emprendedores. La mayoría de ellos realizados por SECOT, Asociación sin Ánimo de Lucro y declarada de Utilidad Pública, cuyos principios y filosofía nos fascinaron desde el primer momento: emprendedores seniors que creen en los valores compartidos y a lo largo de 25 años de trabajo desinteresado y altruista, han puesto su legado y sus conocimientos al servicio de los nuevos emprendedores de este país. Igual que nos pasó con cada entrevista, en cada formación del SECOT algo de nosotros cambiaba y se movía por dentro. Algo evolucionaba, se pulía y brillaba con más fuerza. Siempre pensamos en devolver ese favor de alguna manera. «En cuanto tengamos beneficios de empresa, nos convertiremos en colaboradores del SECOT», solíamos comentar las veces que nos daba por hacer el cuento de la lechera y soñar un poco. Pero el tiempo pasa, los primeros años de una empresa española son más de deudas que de beneficios y ese momento de devolver el favor parecía que iba a tardar en llegar. Hasta que pusimos sobre la mesa todos los condicionantes que llevaban consigo el lanzamiento de este libro, la saturación del mercado editorial, las distintas plataformas de distribución y comercialización online, precios, etc… Concluimos en que este proyecto, que al fin y al cabo no deja de ser un producto, gratis tal vez no fuera a entenderse como un libro con valor. Acordamos en ponerle un precio simbólico pero digno y donar el 100% de los beneficios a SECOT, que tanto significa para nosotros y para tantos nuevos emprendedores de este país.
En este libro encontrarás una selección de las historias que publicamos en el blog de IMGENIUZ desde mayo de 2015 hasta mayo de 2016. Encontrarás historias de profesionales que empezaron con un sueño y acabaron con un proyecto extraordinario, vidas que tomaron varios giros de ciento ochenta grados, trabajos y servicios realizados con rigor y corazón,  historias de éxito contadas en una voz en primera persona, que es la voz del cliente satisfecho, y también historias oníricas que te llevarán a ese lugar en el que la magia y el día a día se tocan con la punta de los dedos.
Sobre todo, queremos que este libro te conecte con los valores extraordinarios que hay aquí, cerca, en las pequeñas y medianas empresas de este país, un entramado de héroes con los que podríamos hacer una lista interminable, ese tipo de listas que solíamos llenar de nombres como Steve Jobs, Jeff Bezos, Larry Page o Phil Libin.
Queremos que este libro te aporte otra cosa y te llene de la misma manera que nos ha llenado a nosotros.
Con todo nuestro cariño:
Judith Bosch y Daniel Zapata S. IMGENIUZ.
Barcelona, 18 de enero de 2017.
Para comprar el libro “Dejando Huella” en Amazon, cuyos beneficios serán íntegramente donados a SECOT, clicar aquí.
Sobre IMGENIUZ: agencia de branding y narrativa estratégica fundada en 2015 que desarrolla imagen corporativa, aplicaciones de marca y contenido estratégico para empresas a nivel nacional.
Sobre SECOT: Seniors Españoles para la Cooperación Técnica (SECOT) es una asociación de voluntariado, independiente y apolítica, declarada de Utilidad Pública en 1995, que presta formación, asesoramiento, y orientación sobre todas las materias relacionadas con el ámbito empresarial y social, a personas, instituciones, empresas y entidades sin ánimo de lucro, con especial atención a emprendedores, pymes y jóvenes. Asimismo, SECOT atiende a los sectores más desprotegidos: desempleados, inmigrantes, personas con discapacidad y a quienes buscan integrarse o mantenerse en la vida económica o se encuentran en riesgo de exclusión o dificultad social.  SECOT ofrece a las grandes empresas proyectos a la medida en el ámbito de la RSC y del Voluntariado Corporativo."

Zeewoelf! Contigo empezó todo

Hola Náutic@!

Estamos de vuelta después de unos días intensos en la 9ª Fira Marítima de la Costa Daurada. Y en el post de hoy, nos apetece recordar y volver a compartir contigo una historia que nos enorgullece y que nos hace disfrutar aún más de nuestra pasión por el mar.

Esperamos que te guste tanto como a nosotros!


"El trabajo hecho con gusto y con amor, siempre es una creación original y única. Roberto Sapriza.

Los grandes profesionales disfrutan con retos que parecen imposibles. El descreimiento y la presión alimentan su espíritu y sus ganas de demostrar lo que son capaces de conseguir.

Vamos a hablaros de un barco muy especial, restaurado por diez grandes profesionales. El más joven de los diez, Oriol Tomás, perteneciente a la tercera generación de Efectos Navales Ortiz S.A., nos ha inspirado esta historia.

Que la disfrutes y que te llene tanto como nos ha llenado a nosotros.


ORIOL TOMÀS Y LOS DIEZ DEL ZEEWOELF

El sol se deslizaba hacia la línea del horizonte y el muelle de los pescadores del Serrallo, Tarragona, empezaba a pintarse de sombras y luces anaranjadas.

La tienda de Efectos Navales Ortiz se quedaba en silencio después de la salida de los últimos clientes de la tarde.

Sonó el teléfono. Manuel Ortiz, fundador de la empresa familiar y abuelo de nuestro protagonista, sacó la agenda que acababa de guardar en el cajón de su escritorio y descolgó el auricular.

-Efectos Navales Ortiz, ¿en qué puedo ayudarle? –preguntó.

-Buenas tardes –se hizo un silencio de varios segundos. Manuel Ortiz distinguió en el hablante acento extranjero, probablemente francés.

-Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle? –reiteró con un tono más cálido y pausado.

-Sí. Buenas tardes. Llamo referido por Mestres D’Aixa. Necesito un trabajo muy especial. Adolfo Roch me dijo que ustedes pueden hacerlo.

Mestres D’Aixa era y es una empresa con una larga tradición en restauración y reparación naval. Y en numerosas ocasiones las dos familias habían trabajado juntas en proyectos complejos que requerían equipamientos electrónicos de alta calidad o pinturas específicas de importación muy difíciles de conseguir.

Manuel Ortiz tomó dos notas breves acerca del trabajo que explicaba el cliente y le aseguró que al día siguiente su equipo se pondría en contacto directo, realizaría una visita al barco, recogería todos los detalles y emitiría el presupuesto.

-¿Está seguro de que pueden realizar este trabajo? –preguntó el cliente por tercera vez.

-¡Y tan seguro! –afirmó Manuel Ortiz -. Somos pioneros en España en trabajos de ese tipo. Y ya son años los que tenemos encima.

-Eso mismo me dijo Adolfo –continuó el cliente -. Pero todos los expertos a los que he consultado me aseguran que es un trabajo casi imposible.

-La gente habla de “imposibles” muy a la ligera. Por su voz deduzco que usted también cuenta con años suficientes como para comprender lo que quiero decir.

Manuel Ortiz pudo advertir una sonrisa al otro lado del teléfono. Sonrió él también y colgó la llamada.

Al día siguiente, tan pronto la tienda volvió a cobrar vida, claridad y colgar el cartel de “abierto”, Manuel llamó a Oriol Tomás y lo invitó a sentarse en su despacho.

-Hay un trabajo nuevo para ti –explicó mientras colocaba documentos y abría la agenda -. Un cliente muy exigente. Y el trabajo es complejo, sí. Pero te resultará interesante. Es ese tipo de trabajos para los que tanto te has preparado y últimamente escasean.

Oriol cruzó los brazos con gesto de escepticismo. Amaba y ama el mar por encima de todas las cosas. Se había criado entre barcos y conocía cada detalle del trabajo de la empresa familiar a la perfección. Disfrutaba forjando nudos artesanales, revisando sistemas y reparando neumáticas. Pero sobre todo y desde muy pequeño, amaba la electrónica y se especializó en el arte de facilitarle tecnología punta a los clientes, que fueron muy exigentes durante años y que, con la llegada de la crisis económica, se volvieron menos perfeccionistas o escatimaban más en precios, y bajaron sus demandas.

Manuel Ortiz se quitó las gafas, miró a su nieto a los ojos durante unos segundos, volvió a cerrar la agenda –sin llegar a mostrar antes las anotaciones tomadas- y sonrió.

-De verdad, te aseguro que este trabajo está a tu altura. Y precisamente por eso te acompañaré mañana a ver al cliente.

Abuelo y nieto caminaron juntos hasta el punto de reunión acordado. Allí les esperaba el Zeewoelf, un impresionante pesquero construido en los años sesenta y convertido, poco a poco, en un barco de recreo con alma propia. Pero no adelantaremos acontecimientos y volveremos a la situación que nos ocupa: el momento en el que el propietario del Zeewoelf, un adinerado y peculiar empresario francés, conoció a Oriol Tomás.

-Señor, aquí está mi nieto, Oriol Tomás. Él es el responsable de nuestro equipo de técnicos especialistas en sistemas electrónicos y de seguridad.

El cliente, al que de ahora en adelante llamaremos Jean –aunque este no sea su nombre real- se adelantó con cautela y le estrechó la mano de Oriol, mientras tanto le lanzaba interrogantes con la mirada, dura y directa a los ojos.

-Eres muy joven, ¿no? –preguntó tan pronto se separaron las manos.

-¡Eso dicen! –comentó Oriol con fingida alegría. Al tiempo recordaba todas las veces que había oído lo mismo y las otras tantas que había deseado empezar a lucir canas.

-¿Te han comentado ya la situación? –continuó Jean.

Oriol miró a su abuelo y cruzó los brazos.

-Prefiero que usted mismo le facilite de primera mano toda la información –argumentó Manuel Ortiz.

-Bien –empezó Jean, colocó los brazos en jarra con las manos apoyadas sobre los huesos de la pelvis y carraspeó -. Necesito conexión continua en alta mar con la televisión francesa, en perfectas condiciones, para seis dispositivos de pantalla plana y veinte canales. ¿Sí?

Oriol sonrió.

-Perfecto, ¿qué más?

-¿Le parece poco?

-No… -balbuceó Oriol -. Solamente pregunto. Me parece un trabajo complicado pero pensaba que podría necesitar algo más. Si va a hacer una travesía de…

-No te hace falta saber más, de momento –interrumpió Jean –Empezaremos con este trabajo.

-Me parece bien.

-¿Estás seguro de que pueden conseguirlo?

-Muy seguro –contestó Oriol, devolviéndole una mirada desafiante pero cálida.

-Todos los expertos a los que he consultado insisten en que se trata de un trabajo muy difícil. Prácticamente imposible.

Oriol se giró hacia su abuelo.

-Ya le he dicho que nosotros estamos acostumbrados a ese tipo de encargos, hijo/Oriol. Ahora solamente falta que se lo demuestres.

-Mañana a primera hora tendrá el presupuesto. Me encargaré personalmente de todo el proceso. No necesito más gente para esto, lo cual abaratará ligeramente el coste.

Jean arqueó las cejas y se pellizcó el mentón de la barbilla.

-¿Vas a hacerlo tú solo?

-Sí –concluyó Oriol.

Al día siguiente Jean recibió el presupuesto, tal y como habían acordado. Lo aprobó sobre la marcha y esa misma tarde Oriol Tomás empezó a trabajar en el Zeewoelf.

Tres días después, de manera completamente imprevista, volvió a aparecer Jean junto a su madre.

Oriol los saludó, se limpió las manos y se sentó con ellos.

-¿Qué tal todo? –preguntó Jean.

-Bien. Todo va bien –contestó Oriol con cierta sequedad y algo de prisa. Aún quedaba mucho por hacer y no le gustaban las demoras innecesarias.

-Le he hablado de ti a mi madre. Quería conocerte –continuó Jean.

-Pues aquí me tiene, señora. Encantado de conocerla –expresó con una sonrisa, luego asintió con la cabeza y observó a la mujer, una mujer mayor muy bella y con una luz especial en la mirada.

-¿Qué edad tienes? –preguntó ella devolviéndole la sonrisa.

En ese momento Oriol, como tantas otras veces, pensó en contestar: “ciento ocho años, pero el mar me conserva bien”. Y, como tantas otras veces, calló esa respuesta y dijo la verdad.

-Acabo de cumplir veintiséis.

La mujer asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.

-Eres muy osado y eso es maravilloso–dijo –. Pero no creo que seas capaz de hacer este trabajo.

Oriol bajó la mirada, escondiendo una sonrisa desafiante.

-Este es mi trabajo, señora. Tengo que ser capaz de hacerlo y además de hacerlo bien. Y, con todos mis respetos, aún me quedan muchas horas por delante.

La mujer volvió a sonreír.

-Está bien, chico. Te dejaremos tranquilo y estaremos atentos a los resultados.

-Eso espero –asintió Oriol –. ¿Cuándo tienen pensado hacer la primera travesía?

-En un mes nos iremos a Formentera –contestó Jean.

-Bien. En una semana tendrán conexión satélite para ir a donde quieran.

Al mes siguiente Efectos Navales Ortiz recibió una llamada para Oriol de la madre de Jean. Quería decirle personalmente que habían completado la travesía Tarragona-Baleares con conexión perfecta con la televisión francesa en todo momento. Oriol no pudo atender esa llamada pero se reunió con Jean tan pronto éste regresó a Tarragona.

Hay que mencionar que, antes del viaje y una vez acabado el trabajo inicial, Jean probó la conexión y todo le pareció correcto. Sin embargo, continuaba temiendo que el sistema fallara conforme el barco se fuera alejando de la costa.

-Un trabajo excelente –le dijo aquella tarde -. Hay amigos míos a los que he llamado y aún no lo creerán hasta que lo comprueben por sí mismos.

-¿El viaje marchó bien? –preguntó Oriol cambiando de tema.

-Muy bien. He vuelto para reconocer tu trabajo y proponerte algo más ambicioso.

Aquella tarde Oriol descubrió la historia que escondía el Zeewoelf, un barco pesquero de los sesenta que atrapó por completo el corazón de Jean y que estaba destinado a convertirse en un barco de recreo con alma propia, restaurado por los mejores profesionales de cada actividad.

Hasta entonces Jean había reclutado a nueve expertos que compondrían el equipo entregado a darle una nueva vida y uso al Zeewoelf. Estos profesionales eran: Claus Baumann, Miguel Bauzil, Joaquim Fàbregas, Josep Torrell, Piet de Boer, Instal·lacions Domingo Garcia S.L., Marcel Borgmann, Adolfo Roch –de Mestres D’Aixa, el compañero que había referenciado a Oriol- y la artista Rosa Llavería, que se encargaría de crear material fotográfico de calidad para el proyecto web del barco. El trabajo que Jean le había encargado a Oriol era una prueba que, superada, lo colocaría dentro del equipo. Y así, por amor a su oficio, al mar y a la empresa familiar por la que tanto había apostado y trabajado, Oriol Tomás, que acababa de cumplir los veintiséis años, se convirtió en el décimo integrante de los diez del Zeewoelf.

Los siguientes encargos que recibió Oriol para el Zeewoelf fueron mucho más extensos y complejos:

-Revisión completa y optimización de todos los equipamientos de seguridad.

-Revisión de todo el sistema de navegación.

-Instalación de sistema de seguridad AIS.

-Cabos de amarre.

-Revisión e instalación de sistemas de radio y comunicación.

Una vez finalizados todos los encargos, Jean volvió a reunirse con Oriol y con los otros nueve profesionales que habían trabajado en crear, a partir del barco inicial, una nave completamente restaurada, moderna y distintiva.

-Señores –empezó Jean -. Hace muchos años, mucho antes de ser quien soy y labrarme mi propio futuro y mi propia fortuna. Le prometí a mi madre que navegaríamos juntos en el Caribe, en nuestro propio barco y serían las mejores vacaciones de nuestra vida.

Los diez del Zeewoelf adoptaron un semblante serio en el acto: el Caribe no es ninguna broma y no son pocos los barcos que han naufragado en un viaje de tales características.

Jean, aun consciente del silencio espeso que empezaba a viciar el ambiente, continuó con el discurso.

-Mi madre me contestó: “eres muy osado y eso es maravilloso –Oriol, al escuchar esa frase sonrió inmediatamente, como empujado por un resorte y recordó con pelos y señales la primera conversación que mantuvo con aquella mujer mayor, tan bella y con una luz muy especial en la mirada- . Pero hay sueños que solamente son eso, sueños y está bien que sigan siendo sueños. Los seres humanos nos alimentamos de sueños”.

Jean hizo una pausa para abrir una botella de champán y caminar por el barco.

-Ustedes, los diez, han conseguido hacer realidad un sueño muy importante para mí. Han conseguido darle vida a este barco y convertirlo en lo que ahora es.

Hizo un gesto de manos para que los diez se aproximaran, tomaran una copa y la llenaran con champán.

-Y ustedes, los diez, van a ayudarme a cumplir mi promesa. Juntos, conseguiremos que el Zeewoelf cruce el Atlántico y esas vacaciones con mi madre, que llevo tantos años esperando, serán tan reales como este barco y como todo lo que uno puede conseguir a base de esfuerzo y osadía. Somos osados, los once, y créanme cuando les digo que vale la pena ser osado. La osadía es el único recurso que nos permite acariciar los sueños, agarrarlos fuerte y culminarlos.

Los diez del Zeewoelf se miraron los unos a los otros y levantaron sus copas, sabiendo, con cada pedazo de piel, de alma y de corazón, que aquel brindis marcaría un antes y un después en sus vidas. Y que la osadía, tal y como decía Jean, el amor por los retos imposibles, la búsqueda del trabajo excelente que compartían todos ellos, era un punto de coincidencia y comienzo que les uniría para siempre.

El 3 de enero de 2014 el Zeewoelf empezó su travesía rumbo al Caribe, llegó a su destino y capitaneado por Jean y su madre, fue el escenario de uno de los sueños, hechos realidad, más bonitos jamás contados.

Texto: Judith Bosch. IMGENIUZ."

Náutico! Si estás interesado en el Zeewoelf, haz click en estos links:

ZeewoelfHome

LosDiezDelZeewoelf

Zeewoelf, welcome back!

Y si quieres saber más de Judtih Bosch y IMGENIUZ haz clik en este link:

IMGENIUZ

Feliz fin de semana!

Oriol Tomás y los diez del Zeewoelf

Buenos días náuticos!

Por fin viernes y como cada semana nos encontramos aquí en el blog de los navegantes, marineros y amantes de la mar.

En el post de hoy, nos enorgullece compartir una experiencia que hemos tenido la suerte de vivir realizando lo que más nos gusta. Nuestro trabajo nos apasiona y nos ha brindado la oportunidad de relatar la historia que seguidamente reproducimos.


Una historia en la que se reflejan valores como la experiencia, la pasión, la profesionalidad, la especialización o la innovación y que Enosa ejercita diariamente desde 1945. 

Esperamos que os guste tanto como a nosotros!


"El trabajo hecho con gusto y con amor, siempre es una creación original y única. Roberto Sapriza.

Los grandes profesionales disfrutan con retos que parecen imposibles. El descreimiento y la presión alimentan su espíritu y sus ganas de demostrar lo que son capaces de conseguir.

Vamos a hablaros de un barco muy especial, restaurado por diez grandes profesionales. El más joven de los diez, Oriol Tomás, perteneciente a la tercera generación de Efectos Navales Ortiz S.A., nos ha inspirado esta historia.

Que la disfrutes y que te llene tanto como nos ha llenado a nosotros.


ORIOL TOMÁS Y LOS DIEZ DEL ZEEWOELF

El sol se deslizaba hacia la línea del horizonte y el muelle de los pescadores del Serrallo, Tarragona, empezaba a pintarse de sombras y luces anaranjadas.

La tienda de Efectos Navales Ortiz se quedaba en silencio después de la salida de los últimos clientes de la tarde.

Sonó el teléfono. Manuel Ortiz, fundador de la empresa familiar y abuelo de nuestro protagonista, sacó la agenda que acababa de guardar en el cajón de su escritorio y descolgó el auricular.

-Efectos Navales Ortiz, ¿en qué puedo ayudarle? –preguntó.

-Buenas tardes –se hizo un silencio de varios segundos. Manuel Ortiz distinguió en el hablante acento extranjero, probablemente francés.

-Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle? –reiteró con un tono más cálido y pausado.

-Sí. Buenas tardes. Llamo referido por Mestres D’Aixa. Necesito un trabajo muy especial. Adolfo Roch me dijo que ustedes pueden hacerlo.

Mestres D’Aixa era y es una empresa con una larga tradición en restauración y reparación naval. Y en numerosas ocasiones las dos familias habían trabajado juntas en proyectos complejos que requerían equipamientos electrónicos de alta calidad o pinturas específicas de importación muy difíciles de conseguir.

Manuel Ortiz tomó dos notas breves acerca del trabajo que explicaba el cliente y le aseguró que al día siguiente su equipo se pondría en contacto directo, realizaría una visita al barco, recogería todos los detalles y emitiría el presupuesto.

-¿Está seguro de que pueden realizar este trabajo? –preguntó el cliente por tercera vez.

-¡Y tan seguro! –afirmó Manuel Ortiz -. Somos pioneros en España en trabajos de ese tipo. Y ya son años los que tenemos encima.

-Eso mismo me dijo Adolfo –continuó el cliente -. Pero todos los expertos a los que he consultado me aseguran que es un trabajo casi imposible.

-La gente habla de “imposibles” muy a la ligera. Por su voz deduzco que usted también cuenta con años suficientes como para comprender lo que quiero decir.

Manuel Ortiz pudo advertir una sonrisa al otro lado del teléfono. Sonrió él también y colgó la llamada.

Al día siguiente, tan pronto la tienda volvió a cobrar vida, claridad y colgar el cartel de “abierto”, Manuel llamó a Oriol Tomás y lo invitó a sentarse en su despacho.

-Hay un trabajo nuevo para ti –explicó mientras colocaba documentos y abría la agenda -. Un cliente muy exigente. Y el trabajo es complejo, sí. Pero te resultará interesante. Es ese tipo de trabajos para los que tanto te has preparado y últimamente escasean.

Oriol cruzó los brazos con gesto de escepticismo. Amaba y ama el mar por encima de todas las cosas. Se había criado entre barcos y conocía cada detalle del trabajo de la empresa familiar a la perfección. Disfrutaba forjando nudos artesanales, revisando sistemas y reparando neumáticas. Pero sobre todo y desde muy pequeño, amaba la electrónica y se especializó en el arte de facilitarle tecnología punta a los clientes, que fueron muy exigentes durante años y que, con la llegada de la crisis económica, se volvieron menos perfeccionistas o escatimaban más en precios, y bajaron sus demandas.

Manuel Ortiz se quitó las gafas, miró a su nieto a los ojos durante unos segundos, volvió a cerrar la agenda –sin llegar a mostrar antes las anotaciones tomadas- y sonrió.

-De verdad, te aseguro que este trabajo está a tu altura. Y precisamente por eso te acompañaré mañana a ver al cliente.

Abuelo y nieto caminaron juntos hasta el punto de reunión acordado. Allí les esperaba el Zeewoelf, un impresionante pesquero construido en los años sesenta y convertido, poco a poco, en un barco de recreo con alma propia. Pero no adelantaremos acontecimientos y volveremos a la situación que nos ocupa: el momento en el que el propietario del Zeewoelf, un adinerado y peculiar empresario francés, conoció a Oriol Tomás.

-Señor, aquí está mi nieto, Oriol Tomás. Él es el responsable de nuestro equipo de técnicos especialistas en sistemas electrónicos y de seguridad.

El cliente, al que de ahora en adelante llamaremos Jean –aunque este no sea su nombre real- se adelantó con cautela y le estrechó la mano de Oriol, mientras tanto le lanzaba interrogantes con la mirada, dura y directa a los ojos.

-Eres muy joven, ¿no? –preguntó tan pronto se separaron las manos.

-¡Eso dicen! –comentó Oriol con fingida alegría. Al tiempo recordaba todas las veces que había oído lo mismo y las otras tantas que había deseado empezar a lucir canas.

-¿Te han comentado ya la situación? –continuó Jean.

Oriol miró a su abuelo y cruzó los brazos.

-Prefiero que usted mismo le facilite de primera mano toda la información –argumentó Manuel Ortiz.

-Bien –empezó Jean, colocó los brazos en jarra con las manos apoyadas sobre los huesos de la pelvis y carraspeó -. Necesito conexión continua en alta mar con la televisión francesa, en perfectas condiciones, para seis dispositivos de pantalla plana y veinte canales. ¿Sí?

Oriol sonrió.

-Perfecto, ¿qué más?

-¿Le parece poco?

-No… -balbuceó Oriol -. Solamente pregunto. Me parece un trabajo complicado pero pensaba que podría necesitar algo más. Si va a hacer una travesía de…

-No te hace falta saber más, de momento –interrumpió Jean –Empezaremos con este trabajo.

-Me parece bien.

-¿Estás seguro de que pueden conseguirlo?

-Muy seguro –contestó Oriol, devolviéndole una mirada desafiante pero cálida.

-Todos los expertos a los que he consultado insisten en que se trata de un trabajo muy difícil. Prácticamente imposible.

Oriol se giró hacia su abuelo.

-Ya le he dicho que nosotros estamos acostumbrados a ese tipo de encargos, hijo/Oriol. Ahora solamente falta que se lo demuestres.

-Mañana a primera hora tendrá el presupuesto. Me encargaré personalmente de todo el proceso. No necesito más gente para esto, lo cual abaratará ligeramente el coste.

Jean arqueó las cejas y se pellizcó el mentón de la barbilla.

-¿Vas a hacerlo tú solo?

-Sí –concluyó Oriol.

Al día siguiente Jean recibió el presupuesto, tal y como habían acordado. Lo aprobó sobre la marcha y esa misma tarde Oriol Tomás empezó a trabajar en el Zeewoelf.

Tres días después, de manera completamente imprevista, volvió a aparecer Jean junto a su madre.

Oriol los saludó, se limpió las manos y se sentó con ellos.

-¿Qué tal todo? –preguntó Jean.

-Bien. Todo va bien –contestó Oriol con cierta sequedad y algo de prisa. Aún quedaba mucho por hacer y no le gustaban las demoras innecesarias.

-Le he hablado de ti a mi madre. Quería conocerte –continuó Jean.

-Pues aquí me tiene, señora. Encantado de conocerla –expresó con una sonrisa, luego asintió con la cabeza y observó a la mujer, una mujer mayor muy bella y con una luz especial en la mirada.

-¿Qué edad tienes? –preguntó ella devolviéndole la sonrisa.

En ese momento Oriol, como tantas otras veces, pensó en contestar: “ciento ocho años, pero el mar me conserva bien”. Y, como tantas otras veces, calló esa respuesta y dijo la verdad.

-Acabo de cumplir veintiséis.

La mujer asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.

-Eres muy osado y eso es maravilloso–dijo –. Pero no creo que seas capaz de hacer este trabajo.

Oriol bajó la mirada, escondiendo una sonrisa desafiante.

-Este es mi trabajo, señora. Tengo que ser capaz de hacerlo y además de hacerlo bien. Y, con todos mis respetos, aún me quedan muchas horas por delante.

La mujer volvió a sonreír.

-Está bien, chico. Te dejaremos tranquilo y estaremos atentos a los resultados.

-Eso espero –asintió Oriol –. ¿Cuándo tienen pensado hacer la primera travesía?

-En un mes nos iremos a Formentera –contestó Jean.

-Bien. En una semana tendrán conexión satélite para ir a donde quieran.

Al mes siguiente Efectos Navales Ortiz recibió una llamada para Oriol de la madre de Jean. Quería decirle personalmente que habían completado la travesía Tarragona-Baleares con conexión perfecta con la televisión francesa en todo momento. Oriol no pudo atender esa llamada pero se reunió con Jean tan pronto éste regresó a Tarragona.

Hay que mencionar que, antes del viaje y una vez acabado el trabajo inicial, Jean probó la conexión y todo le pareció correcto. Sin embargo, continuaba temiendo que el sistema fallara conforme el barco se fuera alejando de la costa.

-Un trabajo excelente –le dijo aquella tarde -. Hay amigos míos a los que he llamado y aún no lo creerán hasta que lo comprueben por sí mismos.

-¿El viaje marchó bien? –preguntó Oriol cambiando de tema.

-Muy bien. He vuelto para reconocer tu trabajo y proponerte algo más ambicioso.

Aquella tarde Oriol descubrió la historia que escondía el Zeewoelf, un barco pesquero de los sesenta que atrapó por completo el corazón de Jean y que estaba destinado a convertirse en un barco de recreo con alma propia, restaurado por los mejores profesionales de cada actividad.

Hasta entonces Jean había reclutado a nueve expertos que compondrían el equipo entregado a darle una nueva vida y uso al Zeewoelf. Estos profesionales eran: Claus Baumann, Miguel Bauzil, Joaquim Fàbregas, Josep Torrell, Piet de Boer, Instal·lacions Domingo Garcia S.L., Marcel Borgmann, Adolfo Roch –de Mestres D’Aixa, el compañero que había referenciado a Oriol- y la artista Rosa Llavería, que se encargaría de crear material fotográfico de calidad para el proyecto web del barco. El trabajo que Jean le había encargado a Oriol era una prueba que, superada, lo colocaría dentro del equipo. Y así, por amor a su oficio, al mar y a la empresa familiar por la que tanto había apostado y trabajado, Oriol Tomás, que acababa de cumplir los veintiséis años, se convirtió en el décimo integrante de los diez del Zeewoelf.

Los siguientes encargos que recibió Oriol para el Zeewoelf fueron mucho más extensos y complejos:

-Revisión completa y optimización de todos los equipamientos de seguridad.

-Revisión de todo el sistema de navegación.

-Instalación de sistema de seguridad AIS.

-Cabos de amarre.

-Revisión e instalación de sistemas de radio y comunicación.

Una vez finalizados todos los encargos, Jean volvió a reunirse con Oriol y con los otros nueve profesionales que habían trabajado en crear, a partir del barco inicial, una nave completamente restaurada, moderna y distintiva.

-Señores –empezó Jean -. Hace muchos años, mucho antes de ser quien soy y labrarme mi propio futuro y mi propia fortuna. Le prometí a mi madre que navegaríamos juntos en el Caribe, en nuestro propio barco y serían las mejores vacaciones de nuestra vida.

Los diez del Zeewoelf adoptaron un semblante serio en el acto: el Caribe no es ninguna broma y no son pocos los barcos que han naufragado en un viaje de tales características.

Jean, aun consciente del silencio espeso que empezaba a viciar el ambiente, continuó con el discurso.

-Mi madre me contestó: “eres muy osado y eso es maravilloso –Oriol, al escuchar esa frase sonrió inmediatamente, como empujado por un resorte y recordó con pelos y señales la primera conversación que mantuvo con aquella mujer mayor, tan bella y con una luz muy especial en la mirada- . Pero hay sueños que solamente son eso, sueños y está bien que sigan siendo sueños. Los seres humanos nos alimentamos de sueños”.

Jean hizo una pausa para abrir una botella de champán y caminar por el barco.

-Ustedes, los diez, han conseguido hacer realidad un sueño muy importante para mí. Han conseguido darle vida a este barco y convertirlo en lo que ahora es.

Hizo un gesto de manos para que los diez se aproximaran, tomaran una copa y la llenaran con champán.

-Y ustedes, los diez, van a ayudarme a cumplir mi promesa. Juntos, conseguiremos que el Zeewoelf cruce el Atlántico y esas vacaciones con mi madre, que llevo tantos años esperando, serán tan reales como este barco y como todo lo que uno puede conseguir a base de esfuerzo y osadía. Somos osados, los once, y créanme cuando les digo que vale la pena ser osado. La osadía es el único recurso que nos permite acariciar los sueños, agarrarlos fuerte y culminarlos.

Los diez del Zeewoelf se miraron los unos a los otros y levantaron sus copas, sabiendo, con cada pedazo de piel, de alma y de corazón, que aquel brindis marcaría un antes y un después en sus vidas. Y que la osadía, tal y como decía Jean, el amor por los retos imposibles, la búsqueda del trabajo excelente que compartían todos ellos, era un punto de coincidencia y comienzo que les uniría para siempre.

El 3 de enero de 2014 el Zeewoelf empezó su travesía rumbo al Caribe, llegó a su destino y capitaneado por Jean y su madre, fue el escenario de uno de los sueños, hechos realidad, más bonitos jamás contados.


Texto: Judith Bosch. IMGENIUZ."

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Feliz fin de semana!